WICKED PUMPKINS

Con este anuncio de medias fechado en 1946 os deseo una escalofriante noche de Halloween.

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Visto aquí

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YO PARA SER FELIZ QUIERO UN CAMIÓN

Cuando P cierra los ojos puede ver el enorme camión Pegaso teledirigido. En las décadas de los 70 y los 80, teledirigido quería decir que podías manejarlo con un mando, que incorporaba un volante y unos botones, y que estaba unido al vehículo por un cable no muy largo. Hoy en día cuesta creerlo, pero el camión Pegaso y otros artefactos teledirigidos del catálogo de Rico eran juguetes muy sofisticados. No es de extrañar que P se lo pidiera con insistencia a los Reyes Magos y que mucho tiempo después el recuerdo le haga revivir aquella emoción.

La fábrica alicantina de juguetes Rico se fundó en 1910 por cuatro extrabajadores de Payá Hermanos, empresa líder del sector en aquella época. En 1919 se les une el fabricante de muñecas Santiago Molina Rico. Payá y Rico compitieron durante los años previos a la Guerra Civil con barcos, locomotoras y aviones de hojalata. En los ’50 la aparición del plástico supuso una auténtica revolución en el diseño de juguetes, pero será con la llegada de la televisión a los hogares cuando la empresa Rico viva su época dorada.

El camión Pegaso disponía de una puerta trasera que se abría, sonaba el claxon y se encendían las luces de posición y las de emergencia. Seguro que necesitaba para funcionar un montón de pilas, pero para los niños como P eso era un detalle sin importancia dadas las tremendas prestaciones que ofrecía el juguete. El eslogan que utilizaba Rico en sus anuncios publicitarios sigue vigente hoy en día: “Lo que quieren los niños es divertirse…” y los mayores también, añadiría yo.

Juguetes Rico anuncio

LOS SANTOS INOCENTES

Se han cumplido 30 años del estreno de Los santos inocentes; esa magnífica adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes que dirigió Mario Camus. En el festival de Cannes de 1984, la Palma de Oro a la mejor película se la llevó París Texas de Win Wenders, a pesar de que Los santos inocentes, que también competía, es uno de esos filmes estremecedores que nunca se olvidan. Recordar Los santos inocentes es para mí visualizar la sumisión, la pobreza y la desesperanza de la familia de campesinos a través del cartel de la película.

Cartel Los santos inocentes
El cartel es obra de Daniel Gil, pionero del diseño gráfico en España y autor de las portadas de la colección “El libro de bolsillo” de Alianza editorial.

CURSOS PARA MADRES VOLUNTARIOSAS

Al mirar la publicidad de décadas pasadas, hay que tener en cuenta el contexto social y político de la época. La publicidad no es sólo una herramienta de comunicación para estimular la compra y el hábito de consumo, es también un instrumento de transmisión ideológico. Los anuncios exhiben las cualidades del producto y al mismo tiempo contribuyen a construir nuestra identidad sociocultural. El contexto nos permite adoptar una actitud más comprensiva con la publicidad del ayer, aunque anuncios como este resulten un poco chocantes.

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La gráfica es de 1971 y el mensaje invita a las mamás amas de casa a retomar los estudios para que sus hijos puedan enorgullecerse de ellas. El tratamiento de este anuncio es bastante perverso. Durante décadas, la mujer ha representado un cliché doméstico que la publicidad ha explotado mostrando amas de casa peripuestas y sonrientes en la cocina. La señora de la imagen sostiene un plato con cara de desahucio y no parece muy contenta. Pero lo más llamativo es el titular: ” ¿Se avergüenzan tus hijos porque nunca terminaste los estudios?” Demoledor.

PONERSE COMO MATÍAS LÓPEZ

Tras un periodo de obligado y placentero descanso, retomo El Vórtice con el visto bueno de V. Me cuenta mi padre, que cuando era chaval se usaba la expresión “Te vas a poner como Matías López”, en alusión a los gordos que aparecían en el envoltorio de una marca de chocolates. Como cualquier niño de la España de los 50, el chocolate era para él un manjar de dioses y, al parecer, el de Matías López era “de los buenos”. Matías López montó una fábrica de dulces y chocolates en El Escorial en 1875. Este gallego visionario utilizaba el boca a boca y otras técnicas de promoción que hoy forman parte de esa disciplina a la que llamamos Marketing. Los gordos a los que se refería mi padre, eran los personajes de un cartel que Matías encargó al caricaturista Francisco Ortego Vereda para publicitar sus productos. Este cartel es considerado el primer cartel publicitario español.

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Mi padre también recuerda a Diego Valor, un héroe nacido en el año 2000, que libraba luchas interplanetarias contra el malvado Gran Mekong. Diego Valor protagonizó un serial radiofónico emitido por la Cadena Ser en la década de los 50 y posteriormente un tebeo. Valor conservaba su poder gracias a la ingesta de chocolate Matías López, en un caso claro de Product placement.

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Leo por ahí que este año, para celebrar el 60 aniversario del personaje, se han publicado nuevas historietas de Diego Valor adaptadas al siglo XXI. Los héroes son inmortales, ¿no?